La película de Pérez (Hello Hemingway , 1990) es una mirada poética de la Cuba que desde lejos, en otro país, es imposible conocer.
No hay diálogos, sólo música e imágenes que nos muestran cómo se vive en la isla.
De esta manera, la película de Pérez luce como un ejercicio fílmico heredero del ideal que la escuela del Cine-Ojo y Dziga Vertov El Hombre de la cámara (1929), postularon en los años 20: grabar la vida tal cual es.
En Suite Habana , filmada en formato digital y con una duración de 80 minutos, conocemos la vida de algunos personajes.
Un travesti, una vendedora de maní, un albañil y bailarín de ballet, un médico y payaso en fiestas infantiles… Hinchada de simplicidad y humanismo, la cinta presume la virtud de criticar y denunciar, sin aparentemente querer hacerlo.
Es una película que incluso ha sacado lágrimas a cineastas que vinieron a este festival, y en varios cubanos inspira tristeza. Dolor por autorreconocerse.
México gana popularidad
Las películas mexicanas han terminado su itinerario por las principales salas de la capital cubana, pero se sigue hablando de ellas.
Nicotina ocupó este miércoles el tercer lugar en la pelea por el premio de la popularidad. Apenas el martes estaba en primero.
Otros contendientes son Carandiru (Brasil) y Roble de olor (Cuba/España/Francia).
Sobreviviente , el filme de Jesús Magaña que compite en la categoría de óperas primas y que estará en la próxima edición del Festival de Cine Independiente de Nueva York, interesa ya para otros certámenes. En abril próximo estará en el Festival de Cine Independiente de Los Ángeles.
Y según el propio Magaña, puede que se vaya a Macedonia, región en donde se exhiben buenas películas. Ahí se realiza el International Film Camera Festival "Manaki Brothers", el festival de cine más antiguo del mundo.
Modelo de sobrevivencia
El octavo cortometraje del brasileño Héctor Babenco, Carandiru (2003), pegó con tubo en la isla.
El filme de Babenco es una postal violenta de Carandiru, la prisión más grande de América Latina, ubicada en Sao Paolo, donde en octubre de 1992 fueron asesinados 111 reos con consentimiento del Estado.
Las tragedias personales de varios reclusos son contadas a través del ojo de un médico que trabajó ahí durante 12 años. Son historias descarnadas, que ponen de manifiesto el afán de resistencia.
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